jueves, 15 de septiembre de 2011

Revolución Creativa


“La forma está en forma, el fondo no tiene fondo.”

Alguien lo dirá, tarde o temprano.



    En Barcelona somos así. El paraíso del civismo cool no escatima en ingenio para predicar sus causas: Mans Netes, Visc a Barcelona, Pantalons al Balcó, Caceroladas, Acampadas, retiradas masivas de 155 euros y muchas otras, incluida una versión local, premonitoria del movimiento 15M, surgida en el 2007 y conocida como el “Catalá emprenyat”.

     Todo esto oculta una oscura revelación: Lo superficial trasciende profundamente. La mayoría de las veces el contenido vende menos que el continente, la publicidad hace buenos los productos y el mercado no es lugar idóneo para encontrar justicia. Podríamos decir que la belleza está en el interior, el interior de una modelo. Lo mismo ocurre con las causas populares, y el brote de indignación actual. La revolución es siempre ideológica, pero en este caso no estamos hablando de una nueva idea que rivalice con el Marxismo o Libre Mercado. La ciudad persigue sus causas para encontrar alguna causa que perseguir. La crítica ahora es futurista y, sin alternativas más allá de la simple queja, pretende prevenir el advenimiento de los Peores Tiempos, desde una era de supuesta decadencia general. Como en el Síndrome de la Edad de Oro, que se describe en “Midnight in Paris” de Woody Allen, y que consiste en un proverbial apego nostálgico hacia las Eras Pasadas, de teórica supremacía moral, artística o política, y que nos confina a la crónica insatisfacción producida por la contemporaneidad incondicional. En el siempre infravalorado presente, lo relevante es que se respira un aire de conspiración. Se pretende crear un clima que algún día pueda ser añorado. De momento se han dispuesto las borrascas y apartado los anticiclones. Si la ventisca se convertirá en un tornado que arrase con todo a finales del 2012 es algo que sólo sabían los meteorólogos Mayas.

     Por otro lado, Joan Cassoles, director de Cacerolas S.A., se frota las manos cada día a las 21:00 cuando los ciudadanos se disponen a maltratar sus marmitas. Se ha calculado que su incremento de ventas, debido al deterioro que el acto de protesta ha provocado en los cacharros, le ha reportado ingresos (más intereses) hasta tres veces superiores al capital total retirado en la última acción que emplazaba a cada indignado a sacar 155 euros del banco.

     Los pantalones en el balcón se pudren. El departamento de márketing de Desigual planea contratar al impulsor de la protesta.

     Una de las acciones que se tomaron el pasado viernes en Plaza Catalunya fue sabotear una inmensa pancarta publicitaria de Nike que lucía unos pimientos azul y grana en relación a una campaña del Barça. No recuerdo qué decía la minipancarta que se deplegó. Eso sí, las dos marcas, Barça y Nike, no se me quitan de la cabeza.

    Se han dispuesto unas hojas en muchas paradas de autobuses, provistas de rotuladores, invitando a los ciudadanos a contestar la siguiente pregunta: ¿Y a ti qué te indigna? La primera respuesta que leí fue “las caceroladas”. Pagaría lo que fuera por una recopilación sin censura de esas hojas.

     Existe un peligro latente, y es que todo esto alcance el potencial sinérgico del libro de Tupak Soirée, en la novela “Happiness” de Will Ferguson. Esta obra visionaria planteaba un mundo en el que se escribía el libro de autoayuda perfecto. Servía para todo, la gente dejaba de fumar, follaba sin parar, adelgazaba y alcanzaba la excelencia espiritual. Obviamente era un mundo nefasto, en el que la felicidad acababa desbaratando cualquier atisbo de civilización. Ese es el peligro del movimiento promovido por “¡Indignaos!” De Stéphane Hessel. Pero exactamente a la inversa. La furia puede conseguir desmantelar los cimientos del sistema, aún sin desgranar las claves del nuevo modelo, y sembrar el caos. Por eso aquí lo importante no es el fondo (destruir el sistema corrupto), sinó la forma (maquillarlo de utopía convincente). En el  top design de la revuelta, más aún que sus difusos objetivos, en esa arquitectura del sueño se encuentran todas las repuestas: No se pretende renovar del todo el esquema, sinó dotar al fondo de estilo. Quizás algún día se pueda vivir sin dinero, sin ejércitos, sin armas. Quizás algún día el hombre nazca y muera bueno. Pero mientras no sea así se reclama, al menos, cierta clase. Por eso no estamos ante una verdadera revolución. En las batallas los soldados no se indignan con sus enemigos, tratan de aniquilarlos.

    Toda esta rebelde creatividad desprende, sin embargo, algo crucial: la ingenuidad no está del todo extinta, y se trata de una energía muy potente. La fuerza del ser humano -y el único antídoto a la indiferencia- es que aunque se convierta en adulto nunca deja de creer en los Reyes Magos.


Vivir Mata

"Dejar de fumar es fácil, yo lo he dejado cien veces.”

Mark Twain

              El Futbol Club Barcelona impulsará próximanente una campaña bajo el lema “Un Camp Nou sense fum” con la intención de concienciar a los seguidores para que no fumen en el estadio. Qué diría Nicolau Casaus, presidente honorífico que murió prematuramente a los 94 años por culpa de sus inseparables puros. Si cruzamos el charco, descubriremos que acaba de entrar en vigor la prohibición de fumar en parques y playas de Nueva York. Todo llegará. Aquí comprobamos diariamente que los paquetes de tabaco cada vez son más explícitos en sus fórmulas para prevenir y desanimar a sus consumidores. Fotos de laringes cancerosas y pulmones enmohecidos que han desquiciado a los diseñadores más trendy de barcelona por el deficiente acabado que exhiben los photoshops. A todo esto la ley antitabaco campa a sus anchas con gran parte del beneplácito popular.

           Un suicida es un homicida de sí mismo y puede ser juzgado por tentativa de homicidio, aunque sólo si falla. Pronto llegarán los primeros juicios a fumadores, entendidos como autoexterminadores largoplazistas. En una sociedad que vende coches que corren por encima de lo permitido, que presta más dinero del que se puede devolver, que produce más comida de la que se puede comer, que consume hasta los productos ya consumidos y que es capaz de vender hasta seguros de vida, se hace patente la nueva conspiración mundial: el antropoecologismo. No contenta con la implantación del ecologismo, el reciclaje y otras ínfulas hipócritas de dioses salvaplanetas, ahora se llega a incurrir en el terreno viscoso de lo personal. Mientras la industria farmacéutica coarta la propagación de remedios caseros y la transgenia nos permite comer alcachofas todos los días del año, los gobiernos adoptan la moralina propia de los farsantes. Alejado del terreno pantanoso de la legalización total de las drogas, permitiendo vincular el narcotráfico con el tráfico de armas, el poder necesita un enemigo global hacia el que desviar la atención. Entre la crispación social de la división creada, los fumadores acometen en contra de lo absurdo de la ley antitabaco, que sólo ha conseguido cerrar muchos bares y que se ligue más fuera que dentro de las discotecas. Mientras, los no fumadores se ven obsequiados con una causa de la que se sienten ganadores, incluso sin haber fumado nunca.

             Entregados al inercial sometimiento, ambos grupos actúan como disuasores del verdadero conflicto. El reciente caso de los pepinos envenenados es un claro ejemplo: todas las hortalizas infectadas con la bacteria E.coli Enterohemorrágica han sido retiradas, el sector de agrícola español se resiente, el problema se corta de cuajo. Estamos hablando de una decena de víctimas. Más diligencia que contra el tabaco, por un numero mucho menor de damnificados. Entre pesticidas, radioactividad nuclear, contaminación ambiental, calentamiento global, el olvidado agujero en la capa de ozono, transgénicos y residuos tóxicos, entre todas estas brutales amenazas para el planeta y para el hombre, resulta que la siniestralidad autoinducida es alguna especie de síntoma degenerativo de grado superior. Todo lo demás es inevitable, al menos a corto plazo, pero tú puedes dejar de fumar hoy. Y, además, te corresponde a ti, y sólo a ti, estúpido fumador, nosotros (el estado) no dejaremos de recordártelo.

        El estado es un fusil, el tabaco sus cartuchos, y el fumador la víctima. Si alguien te encañona con una nueve milímetros no es muy lúcido pensar que lo que te ha matado es la bala.

        En el 2004 el ayuntamiento de Barcelona presumía de vanguardismo liberal, y repartía folletos reconociendo el derecho del ciudadano a ir desnudo por la vía pública. En mayo del 2011 entró en vigor la prohibición de ir desnudo y –ojo al dato- en bañador. Lo más curioso del caso es que la ley confía su propia aplicación “al sentido común” del cuerpo policial. Un paso para delante, dos para atrás, y un triple salto mortal hacia el vacío. Lo mismo ocurre con el tabaco, pero en un periodo más extenso: del monopolio del estado a su privatización en 1999, hasta su actual persecución asistida, pero nada insistida.

       Tras 34 años de severa abstención, me he decidido a empezar a fumar. Dicen que la meta última de todo ser inteligente es la autodestrucción. En los procesos de autodegradación se encuentran algunas de las más vivificantes experiencias, sobretodo  para aquellos que han forjado una sólida coraza espiritual, y anestesiado sistemáticamente durante años sus impulsos más bajos. El tabaco es un icono paternalista que representa este dogma. El derecho a la vida parece excluir el derecho a la muerte, pero la forma en la que uno elige vivir es en realidad la práctica gradual del método suicida que menos le horroriza.  

jueves, 2 de junio de 2011

Descargando actualización

Siempre he sido reacio a leer los buenos textos en la pantalla de un ordenador. El papel, las portadas y toda la liturgia del pasar página me tiran demasiado. Esto ha condicionado severamente también mi aportación a la red. Temía que mi desprestigio al ciberespacio podría pasarme factura. Una cosa es leer el foro del marca -impagable muestrario del saber popular- y otra es leer a Michel Houllebecq con las retinas carcomidas. Además yo leo en el metro. Pero bueno, así son las cosas. Esta orgía tecnológica llamada mundo obliga a todas las tradiciones a actualizar su firmware. Esta es mi exculpación iniciática, que mi antiguo yo me perdone. Voy a verter mis textos aquí, y que el dios google haga lo que quiera.